|
El convento de
los Capuchinos de Banyoles tuvo una vida efímera, entre los años
1583 y 1638. La fundación se hizo gracias a la voluntad del abad
benedictino de San Esteban, que era
el señor del lugar. A los capuchinos les fue cedida la capilla y
ermita de Sant Martirià situada en un lugar elevado, sobre el
lago, al norte de la Villa, donde se veneraban las reliquias de
este santo. Era una casa muy humilde, y para dar cobijo a la
reducida comunidad fue adaptada de una manera muy simple la
ermita preexistente. |

San Martirià, venerado en el
convento
Imagen de autor desconocido (dominio público, Wikimedia Commons) |
|
Ya en 1614 se
planteó abandonar aquel establecimiento debido al mal estado en que
se encontraba, se dice que más bien era una cabaña de pastores que
un convento. En el capítulo provincial de 1625 se determinó un
cambio de ubicación e incluso se aceptó un legado que debería ayudar
a hacerlo realidad, pero no tuvo éxito. El Capítulo de 1637 acordó
pedir a Roma la supresión del convento, lo que se hizo efectivo al
año siguiente, pese a la oposición de los lugareños. Los capuchinos
devolvieron la casa a los benedictinos de San Esteban, que a su vez
la cedieron a los servitas, aunque el
año 1683 y todavía en 1734 nuevamente se dieron pasos para el
retorno de los capuchinos, pero sin que las conversaciones llegaran
a buen puerto. No hay restos de la casa de los capuchinos, sólo de
las construcciones que se hicieron más adelante, cuando estaba en
manos de los servitas. |

El convento de Banyoles según el mapa
titulado
Provincia Cataloniae cum confinijs (1649)
Institut Cartogràfic de Catalunya |