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El inicio del siglo XIV
trajo una serie de desavenencias con el obispado de Barcelona motivadas
por la negativa de los priores de Sant Ponç a facilitar las visitas
pastorales aduciendo que dependían de Casserres y en el fondo, de Cluny.
Este enfrentamiento culminó en 1310 con la excomunión del prior y del
sacerdote de Sant Ponç, situación que se prolongó hasta el 1314, cuando
se permitió la entrada al visitador.
La decadencia se agravó
a mediados del siglo XIV, posiblemente ligada con la de Sant Pere de
Casserres. Siguió una época de priores comendatarios (hay constancia de
ello en 1550), algunos de ellos ni siquiera eran monjes.
En la segunda mitad del
siglo XVI se vinculó a los benedictinos de
Sant Pau del Camp, que posiblemente
se limitaban a cobrar las rentas de Sant Ponç. Dejó de ser priorato,
pasando a parroquia dependiente de Santa María de Corbera. También como
parroquia perdió vitalidad y el lugar quedó abandonado. |