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Benedictinos
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Situado
en una península rodeada por el Ter en un lugar embalsado por la presa
de Sau, la iglesia y el monasterio tocan a levante y a poniente con las
paredes rocosas del risco, que baja casi verticalmente hasta el nivel de
las aguas. En la capilla del castrum Serras los vizcondes de Osona,
señores del lugar, erigieron un monasterio benedictino a partir de 1006.
La leyenda del Sant Infant, del cual se guarda el cuerpo momificado,
quiere explicar su fundación por un hecho maravilloso. |
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En 1080 el monasterio de Casserres fue unido a la
gran abadía de Cluny, de la cual fue desde entonces priorato y se
convirtió en la primera de las posesiones cluniacenses en Cataluña.
Dependían de éste los prioratos de
Sant Ponç de
Corbera,
Sant Pere de
Clarà, y
Santa Maria de
Tagamanent.
Tenía entonces un prior, diez o doce monjes, cuatro o cinco sacerdotes
beneficiados y diversos sirvientes y donados. Lo protegían y se hacían
enterrar muchas casas nobles de la región, como los Savassona, los
Tavertet, los castlans de Cabrera... Su dotación estaba formada por
muchas masías e iglesias de la comarca. |
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Empezó a
decaer al fin del siglo XIV y fue extinguido en 1572 a instancias de
Felipe II de Castilla, que dio sus rentas al colegio de jesuitas de
Belén de Barcelona. Éstos lo poseyeron hasta su expulsión de España, en
1767, cuando fue vendido y pasó a manos particulares. Ha sido
restaurado. |
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