Abadía de Notre-Dame d’Aiguevive
Aquaviva / Aiguevives / Aigues-Vives / Bella Valle
(Faverolles-sur-Cher, Loir y Cher)
La canónica agustiniana de Notre-Dame d’Aiguevive está relacionada con una comunidad de carácter eremítico reunida en Fontaines-les-Blanches (Indre y Loira) hacia 1125. En 1134, aquel asentamiento regularizó su situación al integrarse en la congregación, u orden, de Savigny. En 1147, la abadía de La Trinité de Savigny (Mancha), casa madre de esta rama benedictina, solicitó su incorporación al Císter. La adopción de las costumbres cistercienses se hizo extensiva a los demás monasterios de la orden.
La regularización del monasterio no fue aceptada por todos los ermitaños de Fontaines-les-Blanches y algunos miembros de la comunidad no se adaptaron al cambio. Entre ellos se encontraba Géoffroy, uno de los fundadores, que se estableció cerca de Aiguevive. Poco después, Géoffroy murió y fue enterrado en aquel lugar. Por otra parte, en Notre-Dame-de-Belvaut (Bella Valle), situado a poca distancia, se había establecido una comunidad de canónigos regulares que, en 1147, recibió de Garlet, señor de Montrichard, el lugar de Aiguevive.
Gracias al apoyo de Garlet y con la aprobación de Engebaud de Preuilly, obispo de Tours entre 1147 y 1156, en 1154 pudo iniciarse la construcción del nuevo monasterio de Aiguevive en el emplazamiento actual. En aquella época, el lugar todavía conservaba el antiguo nombre de Belvaut. Durante este primer período, los canónigos reunieron un notable patrimonio gracias al apoyo de los señores locales. En 1185, una bula del papa Lucio III confirmaba aquellos bienes. En el siglo XIII hubo un intento de establecer una comunidad femenina en el antiguo emplazamiento de Belvaut, pero no prosperó.
A mediados del siglo XIV, Aiguevive fue víctima de los mercenarios conocidos como routiers, que incendiaron el monasterio. A pesar de la escasez de información, es probable que, cuando los canónigos pudieron regresar, se reconstruyeran las dependencias. Sin embargo, a mediados del siglo XV, a causa de los conflictos, el conjunto volvía a encontrarse en ruinas. En 1552, en tiempos del último abad regular, la comunidad estaba formada por cuatro canónigos. Su sucesor, ya como abad comendatario, se encargó de la administración del establecimiento que, poco a poco, entraba en decadencia, situación agravada por las guerras de Religión y la llegada de los hugonotes.
En 1676, ya en plena decadencia, la casa se incorporó a la congregación de Sainte-Geneviève, que envió algunos canónigos. Estos recuperaron progresivamente el establecimiento, tanto en lo referente a la vida comunitaria como a la reconstrucción de los edificios, pese a la injerencia de los abades comendatarios. En 1708, durante su visita al lugar, Edmond Martène menciona la precariedad de la abadía, ocupada entonces por tan solo dos canónigos. A pesar de ello, subsistió hasta su supresión, en 1790, y su posterior venta. Se perdió el patrimonio mueble, mientras el establecimiento se arruinaba y buena parte de sus construcciones, entre ellas el claustro, eran derribadas.
Durante la segunda mitad del siglo XIX y el último cuarto del siglo XX se llevaron a cabo obras de rehabilitación de los restos. El elemento más destacado de la antigua abadía es la iglesia, una construcción de estructura románica. Consta de tres naves, que han perdido sus bóvedas, seguidas por un crucero y una cabecera formada por tres ábsides de planta semicircular; los ábsides laterales se abren a los brazos del crucero. Sobre el crucero se levanta un campanario de planta octogonal. La portada occidental conserva su decoración escultórica de época románica. También se conservan algunas dependencias auxiliares de los siglos XVII y XVIII.
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