Aunque en su etapa fundacional intervinieron dos personajes históricos considerados santos, Pedro I y Pedro II de Tarentaise, posteriormente la abadía de Notre-Dame de Tamié ha tenido un recorrido histórico lleno de adversidades. Además de la Revolución, superó épocas de decadencia e intentos de supresión. En la actualidad sigue siendo un monasterio trapense en plena actividad.
El monasterio cisterciense de Notre-Dame de Tamié fue fundado por iniciativa de Pedro I, arzobispo de Tarentaise entre 1124 y 1140. En 1113 este prelado ya había participado en la fundación de la abadía de La Ferté (Saona y Loira); posteriormente fue nombrado abad de aquella casa y, en 1124, asumió el cargo de arzobispo de Tarentaise. En 1132 Pedro I firmó la donación de los terrenos de Tamié efectuada por sus propietarios, Pierre, Guillaume y Aynard de Chevron. En este acto también intervinieron Utbold, prior de Cléry (Saboya), y Pedro II de Tarentaise (1102-1174).
Los primeros monjes llegaron en 1133 desde la abadía de Bonnevaux (Isère). Pedro II de Tarentaise fue nombrado primer abad de Tamié, cargo que dejó al convertirse en arzobispo de Tarentaise (1141-1174). La fundación contó con el apoyo —aunque limitado— del condado de Saboya, entonces gobernado por Amadeo III (1095-1148), así como del conde Amadeo I de Ginebra (1098-1178). Posteriormente se multiplicaron las donaciones a favor del monasterio, especialmente por parte de las casas señoriales del territorio, en particular los Chevron. Durante los siglos XIV y XV varios miembros de este linaje fueron enterrados en el monasterio a cambio de aportaciones económicas.
Los primeros tiempos del monasterio fueron más bien discretos, con períodos de franca decadencia. La protección ejercida por la casa de Saboya comportó también su intervención en las elecciones abaciales y en los asuntos internos de la comunidad. Su desarrollo limitado hizo que, en 1262, el Capítulo General llegara a autorizar su supresión, medida que finalmente no se llevó a cabo. En aquella época el monasterio fue víctima de un incendio que obligó a su reconstrucción. Además de las injerencias externas en el gobierno, en el siglo XV la casa pasó al régimen de abades comendatarios.
Filiación de Tamié
Según Originum Cisterciensium (L. Janauschek, 1877)
Tras un período de cierta prosperidad e influencia, visible durante el siglo XV, a finales del siglo siguiente se inició una nueva etapa de decadencia, motivada sobre todo por las injerencias externas. Esta situación se prolongó en el tiempo, aunque alternó con períodos de relativa normalidad. Una etapa especialmente negativa fue la del abadiato de Pierre de Beaufort (1535-1584), nombrado abad con solo diecisiete años y acumulador de otros cargos. Desde su residencia en Plancherine utilizó los bienes del monasterio en beneficio propio, dejando desatendida la comunidad.
Ya en el siglo XVII, los monjes de Tamié se opusieron a la reforma de la observancia que se intentaba introducir sin éxito, mientras la casa entraba progresivamente en ruina en cuanto a sus dependencias. Tras numerosos esfuerzos y negociaciones, en 1677 Tamié aceptó la renovación de la observancia e ingresó en la Trapa, que introdujo la observancia estricta de la Regla, una formación más cuidada de los monjes y la restauración material del monasterio. Se inició así una etapa de recuperación del espíritu monástico. Los trapenses cuidaron la casa hasta su supresión a raíz de la Revolución, en 1793.
El monasterio quedó abandonado tras la huida de los monjes hacia tierras italianas. En 1800 fue subastado, pero no llegó a ser ocupado y continuó sin un uso específico, perdiendo los bienes muebles que todavía conservaba. En 1830 lo que quedaba del monasterio pasó a manos de la Iglesia, que mantuvo allí diversas instituciones y actividades. En 1861 llegó una pequeña comunidad trapense procedente de la abadía de La Grâce-Dieu (Doubs), que recuperó el lugar como granja dependiente de aquella abadía.
Ilustración de Histoire de l’Abbaye de Tamié (1927)
El establecimiento de Tamié todavía estuvo a punto de ser suprimido, y la precariedad se mantuvo hasta que en 1911 recuperó el título de abadía gracias a la llegada de la comunidad de La Grâce-Dieu, obligada a abandonar aquel monasterio. Tras diversos cambios y circunstancias, esta comunidad sigue ocupando Tamié en la actualidad. La mayor parte de las estructuras conservadas corresponden a las edificaciones levantadas a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII con la llegada de los trapenses.
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