|
Benedictinas / canónigos
|
|
El monasterio benedictino de mujeres
La fundación del monasterio de Sant Joan de Ripoll (ahora conocido como
Sant Joan de les Abadesses) es obra de la voluntad del conde Guifré el
Pilós, posiblemente hacia el 885, con el objetivo de dejarlo bajo la
dirección de su hija Emma, que hacía poco que había nacido (hacia el
880). Inicialmente habría sido puesto bajo la tutela de
Santa Maria de Ripoll,
también una fundación de Guifré. |
|
El 887 se consagró la iglesia del cenobio, en cuya acta se relacionan
los importantes bienes puestos al alcance del nuevo monasterio, entre
los cuales el castillo de Montgrony y la celda de
Sant Joan de
Montdarn.
Mientras Emma era menor de edad la dirección del monasterio estaba en
manos del obispo de Vic. Fallecido el conde, el obispo aprovechó la
ocasión para investir y proclamar a Emma como abadesa de Sant Joan, en
898. El abadiado de Emma fue largo (hasta el 942) y marca un periodo de
esplendor del centro, en el que su patrimonio se incrementó de una
manera importante, lo que hizo que su sucesión quedara marcada por
disputas entre el poder para su dominio. |
|
|
|
| |
|
 
Sant
Joan de les Abadesses |
|
El esplendor de la época de Emma se cortó
repentinamente. No se encuentra el nombre de la nueva abadesa hasta que
fue nombrada Adelaida (949-955), que era
hija del conde Sunyer de Barcelona. Su
sucesora (Ranlo, 955-962), hija del conde
Delà de Empúries, consiguió un cierto
avivamiento del monasterio. Siguió Fredeburga
(962-996), emparentada con la casa de Cerdanya. |
|
La última abadesa fue Ingilberga
(996-1017), que puso fin al monasterio de benedictinas al ser expulsada,
junto con el resto de la comunidad a raíz de unas graves acusaciones
probablemente promovidas por su hermanastro Bernat
Tallaferro y que hacían referencia a su conducta moral. En 1017
se vio la causa en Roma y el resultado fue la extinción del monasterio y
la comunidad obligada a dispersarse. |
|