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Benedictinos
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Los orígenes del monasterio de Sant Cugat
parecen muy antiguos, hay quien establece el siglo VI como la fecha del
inicio de la vida comunitaria en este lugar.
Lo cierto es que hasta 878 no se tiene constancia documental de su
existencia. |
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La iglesia
monástica |
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Se sabe que el lugar fue recuperado el
801 y, posiblemente, se restableció la comunidad, hecho que no se puede
determinar con seguridad hasta 878. En aquella época debieron utilizarse
las construcciones visigóticas, algunas de las cuales aún se pueden ver
en el claustro. |
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El
lugar pasó a ser rápidamente un centro
religioso y de poder de primer orden. Sus propiedades se extendían
por todo el obispado y eran
considerables. El cenobio tuvo un papel importante en la defensa y
repoblación del territorio, incluso el abad Odó
(986-1010) participó personalmente en una expedición militar, en la cual
murió. El 986 consta que dependía de aquí la celda de
Sant Genís y
Santa Eulàlia de
Tapioles.
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Galeria del
claustro |
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Reflejo de su situación privilegiada es la obra arquitectónica que se
llevó a término y el importante escritorio que estaba dentro de sus
muros, donde generaron y agruparon un importante fondo bibliotecario del
que aún se conservan importantes testimonios.
Esta época de riqueza se prolongó, con escasas incidencias hasta el
final del siglo XIII. |
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La Sala
Capitular |
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En la segunda mitad del siglo XVIII tiene lugar un cierto auge, que
permite emprender las últimas obras y reformas del monasterio. Pero en
el siglo siguiente hay que situar el fin de la comunidad: en 1820
desapareció como tal y se pusieron a subasta sus propiedades. La iglesia
pasó a la categoría de parroquial. En 1823 retornó la comunidad, hasta
que en 1835 se disolvió definitivamente perdiendo todas sus propiedades.
El monasterio pasó a manos del Estado y fue víctima del pillaje. En la
segunda mitad del mismo siglo XIX empezaron los trabajos de
restauración, y más tarde las excavaciones arqueológicas. |
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La Casa del Abad |
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En este lugar existía un
castrum romano, donde a partir del
siglo IV se empiezó a desarrollar una intensa actividad religiosa,
centrada en el martyrium dedicado a
san Cugat, que según la tradición había
muerto aquí, víctima de las persecuciones de
Diocleciano. En este mismo punto
se fueron sucediendo diversas construcciones, y quizás una comunidad,
hasta que el 780 fue destruido por la invasión sarracena. |
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Fachada de
la iglesia |
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Parece que inicialmente se trataba de una comunidad canónica ligada a la
catedral de Barcelona y que poco a poco fue adaptándose a la regla de
san Benito, según una organización propia e
independiente del obispado. |
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En
1089 el monasterio de Sant Cugat pasa a
depender de Sant Ponç de Tomeres, en el
Languedoc, junto con otros cenobios
catalanes. Esta situación duró bien poco, hasta 1091, cuando recuperó su
independencia. Su importancia en esta época queda patente si se tienen
en cuenta los monasterios que dependían de éste:
Sant
Llorenç de Munt,
Santa Cecília de Montserrat,
Sant Salvador de Breda,
Sant Pau del Camp
de Barcelona,
Santa Maria del Coll y
Sant Pere de Clarà. |
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Capitel del
claustr0 |
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El siglo XIV está marcado por la crisis, que incluso tiene episodios tan
singulares como el asesinato del abad Arnau Ramon
de Biure en el mismo altar, debido a una disputa testamentaria.
La disminución de las rentas fue también muy importante, los monjes
perdieron la facultad de elección de los abades y en 1471 se inició una
época con abades comendatarios, poco
interesados en la vida monástica y en el desarrollo monástico. A partir
de 1561 los abades son escogidos por designación real. |
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Arnau Gatell, el constructor de una parte del claustro |
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